Hoy estoy feliz. Me encanta ir a la Dirección de Presupuestos del Ministerio de Hacienda. Me topo con amigos de Beaucheff y compañeros del doctorado en Cambridge. Se respira otro aire, noto que me entienden, que hablamos el mismo idioma, aparte del inglés y francés, obvio.
El otro día leí un artículo del “New York Times” sobre la importancia de sentirse agradado en el trabajo. No es una revelación cósmica, pero razón tienen los gringos. De todas formas no llegaré a los dominios del Ministro Andrés Velasco, mientras no sienta que cumplí la misión en el programa que trabajo. Y eso tardará unos años, si no me echan antes.
La reunión fue en la “Unidad de Evaluación de Impacto de la División de Control de Gestión” del Ministerio. Me sorprendí cuando vi entre los concurrentes a la Diputada Adriana Muñoz y una joven ingeniera de la división, que resultó ser brillante. Harta mujer bella. Raro. Cabellos largos, ideas cortas decía mi padre.
No soy machista, mi estadía en Inglaterra reforzó ese punto. Pero no logré concentrarme en los temas planteados. La Diputada, bastante buena moza a pesar de su trayectoria, tenía un escote que a poco andar se transformó en un importante distractor para el mundo masculino. Fue comentario en el coffee break, y a raíz de eso, alguien recordó los supuestos implantes de la Diputada RN, Karla Rubilar. No hace mucho LUN le hizo una portada. “Karla Rubilar 2.0”, titularon.
Como dice la gallá, estoy felizmente casado. La Pamela, mi esposa, es una mujer increíble, buena madre, guapa, las tiene todas. Por eso creo que la atracción que me producen las féminas de la mesa tiene que ver con admiración por el dominio de los temas, y claramente una fascinación por el poder, en el caso de la Diputada. Por eso y dos grandes razones, hoy le concedo todo a pesar de no estar de acuerdo con el fondo de su propuesta. A veces el estado se construye de esta forma, a no engañarse. Somos prisioneros de la biología, dijo Schopenhauer en “El amor, las mujeres y la muerte”. Mejor ni comentar ese dato con el mundo femenino. Uf, me da cargo de conciencia no poder quitarle los ojos de encima a ese escote. Tranquilo Salidas, calma…
Fin de la sesión. La ingeniera de la división se acerca para preguntar por la próxima reunión de Directorio. Será la encargada de coordinar el encuentro con la Dirección de Presupuesto, por lo que necesita contactarme. Me dio su tarjeta, yo andaba sin la mía, ella muy coqueta anotó mi número en su celular bajo el nombre de “Andress”. Me estoy pasando rollos, seguro.
Gracias a la ingeniera me estaba librando de la influencia encantadora del escote de la Diputada, cuando sonó el celular. Era la Pamela, se le había olvidado pagar el colegio de los niños. Esta mujer no se ordena ni con auditorías de la Contraloría General de la República. La verdad, no debe tener idea qué es o hace la Contraloría.
Marzo 2007. Cualquier semejanza con la realidad, es de facto intencional:::
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