miércoles, 28 de febrero de 2007

Paper Nº4: “Obreros al poder”.


Mientras la mayoría de mis superiores políticos pasan febrero en Zapallar, Cachagua, Maitencillo o Caburgua, yo estoy acá, en Tongoy, corriendo olas en mi kayak mientras los niños hacen bodyboard. A veces me siento irresponsable, porque los dejo meterse bien adentro. Pero creo que es bueno, así van formando carácter. Mi padre hacía lo mismo conmigo.

Lo pasamos estupendo en casa de mis suegros. Entre pescaditos a las brasas, mariscos frescos y vino blanco los días se van volando. En un almuerzo alguien comentó el tema del depuesto Alcalde de Coquimbo, Pedro Velásquez, al que alguna vez visité oficialmente para conocer el proceso de inversión y desarrollo de las zonas urbanas. No nos engañemos, Coquimbo tiene un claro antes y después de Velásquez. Por eso, previo a comenzar mi disertación de sobremesa, preferí lanzar dos frases de moda en la Concertación: “las instituciones funcionan” y “los fallos no se discuten”. Estoy curtido en esto. Ya sé que en política es bueno ponerse el parche antes de la yayita.

Lo cierto es que si acá alguien se llevó la plata para la casa, resulta obvio que dejaron bastante de ella en las calles. Por eso Pedro Velásquez es un enigma. Pero lo que más intriga, es saber cómo un personaje sin instrucción superior llegó a ser electo, y además, logró transformar el casco histórico de la ciudad en un chiche, casi sin ni uno. Un tema de estudio para cualquier escuela de economía del mundo. No sospecho de la sabiduría popular, pero claramente es complejo gerentear un municipio sin entender los principios básicos de la economía moderna. No, ahí soy clasista. Soy de los que no entienden cómo Lula puede manejar ese monstruo burocrático que es Brasil.

Entre un moscatel y unas papayas en almíbar estaba cuando sonó el celular. Era mi jefe. Me pedía asistir a la entrega de unos camiones recolectores de basura el día siguiente. La ceremonia estaría presidida por la mismísima Subsecretaria, y al menos, un par de ministros. Sabía donde presionar las teclas my boss, además, la carnada era perfecta.

Pero la ceremonia fue particularmente fome. Sin toldo y con un solazo que marcó los lentes en mi cara, terminé como mapache. Mientras el Alcalde se mandaba un discurso de esos, llenos de recaditos al gobierno, yo pensaba en la playita. Es bueno para llorar este hombre. Es más derecho que una cola de chancho, porque hartos recursos le han inyectado desde la época de Frei Ruiz-Tagle. Si no los sabe administrar, no es culpa nuestra, quiero decir del gobierno. Me ha tocado establecer acuerdos con el Alcalde, con apretón de manos incluido y lo único que he sacado en limpio siempre, son tres cuchillos clavados en la espalda. La tengo de colador.

Me voy al tiro al terminal para volver a Tongoy. Esto fue un golazo de media cancha de mi jefe. Un fiasco. Todos los ministros invitados se excusaron de asistir. Era que no, nadie cambia la arena de Cachagua, Zapallar o Maitencillo en los pies, por sentarse con funcionarios municipales de 3º orden y sin instrucción, frente a unos camiones de basura. Yo no más. God dummit!

Marzo 2007. Cualquier semejanza con la realidad, es de facto intencional:::



Paper Nº3: “Dos razones de peso”.


Hoy estoy feliz. Me encanta ir a la Dirección de Presupuestos del Ministerio de Hacienda. Me topo con amigos de Beaucheff y compañeros del doctorado en Cambridge. Se respira otro aire, noto que me entienden, que hablamos el mismo idioma, aparte del inglés y francés, obvio.

El otro día leí un artículo del “New York Times” sobre la importancia de sentirse agradado en el trabajo. No es una revelación cósmica, pero razón tienen los gringos. De todas formas no llegaré a los dominios del Ministro Andrés Velasco, mientras no sienta que cumplí la misión en el programa que trabajo. Y eso tardará unos años, si no me echan antes.

La reunión fue en la “Unidad de Evaluación de Impacto de la División de Control de Gestión” del Ministerio. Me sorprendí cuando vi entre los concurrentes a la Diputada Adriana Muñoz y una joven ingeniera de la división, que resultó ser brillante. Harta mujer bella. Raro. Cabellos largos, ideas cortas decía mi padre.

No soy machista, mi estadía en Inglaterra reforzó ese punto. Pero no logré concentrarme en los temas planteados. La Diputada, bastante buena moza a pesar de su trayectoria, tenía un escote que a poco andar se transformó en un importante distractor para el mundo masculino. Fue comentario en el coffee break, y a raíz de eso, alguien recordó los supuestos implantes de la Diputada RN, Karla Rubilar. No hace mucho LUN le hizo una portada. “Karla Rubilar 2.0”, titularon.

Como dice la gallá, estoy felizmente casado. La Pamela, mi esposa, es una mujer increíble, buena madre, guapa, las tiene todas. Por eso creo que la atracción que me producen las féminas de la mesa tiene que ver con admiración por el dominio de los temas, y claramente una fascinación por el poder, en el caso de la Diputada. Por eso y dos grandes razones, hoy le concedo todo a pesar de no estar de acuerdo con el fondo de su propuesta. A veces el estado se construye de esta forma, a no engañarse. Somos prisioneros de la biología, dijo Schopenhauer en “El amor, las mujeres y la muerte”. Mejor ni comentar ese dato con el mundo femenino. Uf, me da cargo de conciencia no poder quitarle los ojos de encima a ese escote. Tranquilo Salidas, calma…

Fin de la sesión. La ingeniera de la división se acerca para preguntar por la próxima reunión de Directorio. Será la encargada de coordinar el encuentro con la Dirección de Presupuesto, por lo que necesita contactarme. Me dio su tarjeta, yo andaba sin la mía, ella muy coqueta anotó mi número en su celular bajo el nombre de “Andress”. Me estoy pasando rollos, seguro.

Gracias a la ingeniera me estaba librando de la influencia encantadora del escote de la Diputada, cuando sonó el celular. Era la Pamela, se le había olvidado pagar el colegio de los niños. Esta mujer no se ordena ni con auditorías de la Contraloría General de la República. La verdad, no debe tener idea qué es o hace la Contraloría.

Marzo 2007. Cualquier semejanza con la realidad, es de facto intencional:::




Paper Nº2: “Doctorado en improvisación y crítica”.


Esto no pasaría en Irlanda. Transantiago fue una profecía autocumplida. Se veía venir. Es que se trata de un tema complejo incluso para mis colegas ingenieros. Mientras camino a una reunión en la Comisión Bicentenario, me cruzo con el Chino Correa que estuvo en las fases iniciales del proyecto. Desde ahí que la cosa no pintaba bien, me dijo. Pero duró poco el Chino, la verdad no dura mucho en los cargos. Toc, toc, toc… toco madera.

Está claro, no se proyectó bien la demanda, ni se diseñó un plan b para enfrentar la crisis. De lejos, sin ser experto y con el respeto que merecen mis colegas, se nota que falló todo lo que podía fallar. A eso se sumó el factor humano. Cuando hice una pasada por “London School of Economics” me dieron ese tip: nunca proyectar sin contemplar factor humano.

La reunión en la Comisión es netamente técnica, pero estoy haciendo lobby por un proyecto que busca sello bicentenario. Eso le daría otro pelo. Durante la sesión alguien comentó las palabras del Alcalde de Puente Alto, Cote Ossandón, quien con mala leche dijo que Transantiago es un doctorado en improvisación. Ají en el culo. Además el tema me toca de cerca, porque tengo una hemorroide que me jode hace meses y no he podido hacer ver por falta de tiempo.

Algo de razón tiene el hombre, en el fondo su crítica es contra nosotros, los que nos hemos descrestado estudiando fuera. Por eso la defensa de Belisario resulta refrescante, reparadora. Of course que la derecha tiene un doctorado en crítica, que con toda seguridad obtuvo a distancia.

El gesto del ministro me encantó. Primera vez en 17 años que nuestro grado académico sirve para defender conceptualmente el rol que cumplimos en la sociedad. Nos han tomado en cuenta. Estas palabras son un reconocimiento tardío de existencia en las sombras, tras la primera línea política, lejos de Belisario y todo lo que representa su oficina… quiero decir, su gabinete.

Porque no es fácil nuestra posición cuando tenemos que batallar con la elite política y los mandos medios partidistas. Una vez, un viejo de Chiledeportes me sacó en cara que mientras yo tomaba leche, él pegaba tiros en la Alameda. Y no eran tiros skeet. De ese toque. ¿Qué le puedes decir a un tipo así?, cuando nuestros temas favoritos son las normas ISO 9001 ó 14001.

Me duele el pecho y el pelo se me está cayendo. Ando cansado. El otro día me llamó un amigo que trabaja en una minera gringa y me ofreció 6 veces mi sueldo, regalías como las que dan en el primer mundo, atención de salud en las mejores clínicas, etc. No voy a engañar a nadie, tengo 3 cabros y una station que está fallando… lo pensé. Pero sigo aquí, en la reunión de la Comisión Bicentenario y con Transantiago mejorando. Por eso y otras cosas, recordaré esta época como el momento en que por fin nos reconocieron. Grande Belisario. Es bueno saber que te tenemos de amigo.

Febrero 2007. Cualquier semejanza con la realidad, es de facto intencional:::






Paper Nº1: “El problema no es el hardware, es el software”.


Vengo de una insulsa reunión en La Moneda. Un poco deprimido porque sin querer, me tuve que tragar 30 minutos de saludos, palmoteos, los mismos chistecitos que se cuentan desde que esta gente participaba en las comisiones políticas del MAPU y la copucha del mes. Tiempo perdido y nosotros, sorry, pero no estamos para comentarios sabrosos sobre el angelito de la Ministra Blanlot. Hay que apurar el tranco, decía el pelao.

Pasaron más de 15 minutos prestándole ropa. Bueno, se entiende. Yo con cierta timidez y bastante poca fortuna, le dije a mi compañera de asiento, una colega de la Dirección de Planeamiento del MOP, que “cuando cabros, todos alguna vez nos choreamos un paquete de papas del supermercado”. Justo se produjo un silencio, por lo que todas las miradas me buscaron. Mis lentes se deslizaron por la nariz debido al sudor que brotó en ella. Obviamente el tema del robo toca las partes sensible de la Concertación por estos días. Definitivo. No empatizo con los empleados públicos.

La verdad es que nadie me pesca mucho en estas sesiones de coordinación regional / ministerial. Dicen que por mi cara de pendejo. Lo más probable es que sea por tecnócrata, que más encima no milita. El colmo de los colmos, un bicho raro que levanta sospechas en cualquier repartición del estado.

Reconozco que nos parecemos en algunas cosas con esta gente. Estuve años fuera de Chile, gracias a la beca Presidente de la República. La original… Lo mío se trató de un postgrado, que con esfuerzo obtuve con honores en Cambridge. Así es. Soy un auténtico doctor en economía, un Ph, D. graduado en el primer mundo, discípulo de los grandes pensadores contemporáneos vivos. Dudo que en esta reunión alguien pueda decir lo mismo. Da igual. Nadie pierde el tiempo hablando de rentabilidades sociales y financieras a la hora de discutir proyectos concretos. Por eso se torna frustrante la situación que se da en los encuentros de “coordinación”. Pero ahí sigo, como lo haría un funcionario en Nueva Zelandia, donde el estado es chico, chico, chico, pero eficiente. A veces siento que el problema no es Chile, son los chilenos. No es el hardware, es el software.

No soy más que el “segundo” de un programa de gobierno perdido en la maraña de muchas Subsecretarías. Mi jefe directo es el líder político y yo el jovencito que poco sabe cómo se hacen las cosas en este mundo, según rezan en mi ausencia la mayoría de estos ignorantes. Pero al final soy casi el único de la mesa que tiene en la cabeza un cronograma de trabajo, y no, un cronograma de elecciones.

La reunión termina, todos se despiden, la mayoría son buenos amigos. Yo con bastante hambre y frustración veo como los proyectos anunciados para 2007, se correrán para 2008. Así es el estado chileno. Uno quiere correr, pero todos caminan.

Tengo que llamar al Alcalde para comentar el estudio de pavimentación de aceras. Ya estoy atrasado, cresta madre.

Febrero 2007. Cualquier semejanza con la realidad, es de facto intencional:::