jueves, 29 de noviembre de 2007

Paper Nº10: “Pesadilla 10”

(En el "Paper" anterior: Franco le es infiel a Pamela con María Jesús, una ingeniera de la Dirección de Presupuestos del Ministerio de Hacienda. Por cierto entra en conflicto. Tiene que optar. Mientras, el estado sigue igual. Lento para un tecnócrata formado en el exterior).

Siento mis tripas reclamar de angustia. No dan respiro. Tengo nauseas y estoy afiebrado. El malestar me recuerda el último episodio de gastroenteritis que viví el verano. Debería estar sentado en un baño, pero no, estoy parado en la plaza de La Constitución, meneando una bandera plástica con un símbolo extraño que dice “Chile algo”… y un pito de baquelita naranja en la boca.

Parece una concentración. Distingo a la gente que trabaja conmigo. Trato de hablar con ellos, pero una extraña fuerza me impide sacar el pito de la boca. Está pegado. Me angustio porque tengo que enviar un informe antes de las 16:00. Pero todos están en trance, nadie infla. Las mujeres se levantan la falda como si bailaran can-can y los hombres amarran sus corbatas unas a otras para formar una larga soga. Mientras tanto, un guanaco descarga agua sobre sus cuerpos para aplacar el efecto del sol de marzo, al ritmo de una batucada nacional que lidera Chico Buarque. Extraño.

Un completo carnaval en el barrio cívico, una cueca en pelota. Miro el reloj y la fecha marca el número 10. Miércoles, 10 de marzo de 2010. Giro la cabeza y sorpresa. Es ella. María Jesús abrazando a Barney, ese muñeco granate que trabaja en Huérfanos con Estado, que tanto le gusta al menor de mis hijos. La Jesús grita y me enseña su dedo medio con rabia. Mucha rabia para ser honestos. Luego hace un gesto con su cabeza para que mire hacia el balcón oficial de La Moneda. El balcón de los Presidentes.

Es increíble. Se dejó un extraño bigote negro, pero es él. Con la banda presidencial y saludando a la antigua: aleteando ambas manos sobre su cabeza. Es Adolfo. Sí, Adolfo Zaldívar.

Menos mal que ahí desperté. No hay corazón que resista a pesar de los 100 mg/diarios de ácido acetilsalicílico. Estaba empapado y acelerado por volver a ver a María Jesús. Llevaba varias semanas sin hacerlo a pesar de los ataques de suspiros que tengo cada tres cuartos de hora. Los recuerdos son potentes. Pero acá estoy, despertando de una pesadilla y compartiendo sábanas de algodón con esta blanca mujer que también adoro. Voy con Pamela hasta el fin. Ya lo decidí.

La abrazo dejando que mi mano descanse en uno de sus pechos. Sentirla me relaja. Cuando estamos así le digo que su cuello huele a berries de la campiña inglesa. Pero ahora duerme. Oh God!. Trato de disfrutar este momento luego de ver a Adolfo en La Moneda. Trato de estirar este momento luego de verme trabajando en el Gobierno de Chile el 2010. Trato de respirar este momento luego de ver a la Jesús abrazando a Barney.

No lo voy a negar. Una depre yegua domina mi vida luego de cortar con María Jesús. Veo todo más negro que en la DC. Extraño Inglaterra. Extraño que en la panadería de la esquina, en el ascensor del edificio o en el mesón de atención de público en el banco la gente salude, hable de frente y mire a los ojos. Santiago es una ciudad mal educada y eso me afecta, me desarraiga. Entre el “por qué no te vas” de Jorge González, y el “por qué no te callas” del Rey, estaría optando por ambos. “Desesperanza aprendida” dice mi psicoanalista.

Soledad Alvear debe saber de depresión por estos días. La crisis entre ella y Zaldívar suena al principio del fin. Algo no muy distinto a lo que pasa en mi vida. Mi gran consuelo en este momento en que sigo abrazando a Pamela, es que Adolfo no es Presidente y está lejos de serlo.

¿O no?

Noviembre 2007. Cualquier semejanza con la realidad, es de facto intencional:::